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Fecha de publicación: 11/08/2026
Mater finaliza la octava edición de Zero Zabor Uretan habiendo retirado más de 99.000 residuos del mar
Mater ha vuelto a Pasaia tras recorrer 8 puertos vascos y realizar más de 100 actividades

El barco Mater ya está de vuelta en Pasaia y se vuelve a dejar ver en San Pedro. Desde Mater valoran excelentemente la octava edición de Zero Zabor Uretan puesto que han logrado retirar del mar más de 99.000 residuos y han organizado alrededor de 100 actividades en diferentes municipos costeros vascos. Han relatado la experiencia vivida.
Recalcan que lo vivido por las 22 personas voluntarias es inolvidable y que todas zarparon con el mismo objetivo que es el de cuidar el mar. Algunas eran de sitios cercanos como Pasaia, Donostia, Bilbao, Tolosa y Ordizia, pero también ha habido voluntarias y voluntarios venidos desde Sevilla, Madrid, Navarra, Urrugne o hasta desde Italia.
Formaciones previas
Antes de subir a bordo ya había habido varias formaciones online y otra más ya in situ, en la cubierta y poco antes de bailar, sí, sí, bailar, en este caso con unos gigantes muy especiales para MATER: ZABOR; el monstruo de las basuras marinas y BIO, la red de la vida. Así se da comienzo al voluntariado nada más llegar a través de una marcha que anuncia por las calles la llegada del MATER a cada puerto y hace reflexionar de un modo impactante y divertido sobre el sinsentido de la sociedad del consumo.
Medusas, delfines y más de 30 peces luna
El mar ha estado de lado del barco ecoativo y los partes se cumplieron con creces. Agua calmada, vientos agradables y biodiversidad abundantes. Delfines acompañando al barco, un banco de bonitos del norte cruzándose en el camino y, solo en aguas gipuzkoanas, 30 avistamientos de mola mola —ese pez luna gigante y un poco surrealista— a lo largo de toda la campaña. Hasta avistaron las temidas Carabelas Portuguesas (medusas) desde proa y alguna cayó en la red de microplásticos.
Un poco de tripulación
En las navegaciones de puerto a puerto, el voluntariado ha ayudado como una mano más a bordo —turnos, tareas, y en más de una ocasión subir al puente de mando junto al capitán— sin llegar nunca a ser del todo tripulación pero sintiéndose parte de la misma. Esa distancia, quizá, era parte de lo bonito: acompañar de cerca sin dejar de ser quien había llegado de fuera unos días antes.
Comer con cabeza, comer sostenible
En la cocina, pequeña y calurosa en el mes de julio, comieron vegano y con producto de cercanía, comprado en la tienda amiga de cada puerto. Quien llegaba sin saber cocinar para más de dos, se iba sabiendo turnarse, improvisar con lo que había en la despensa del día y sacar comidas para toda la tripulación entre risas y prisas.
La compra tampoco la hacian a la ligera. Tripulación y voluntariado la pensaban con cuidado en cada tienda amiga para generar el menor residuo posible, cargando a bordo tuppers, bolsas de tela, un carro de la compra y hasta tarros de cristal para no depender de un solo envase de un solo uso.
La gestión del agua también ha servido de lección. A bordo es un recurso limitado, y aprender a administrarla —para lavar, para cocinar, para asearse— fue, sin que nadie lo planteara como tal, un curso acelerado de lo que significa cuidar recursos que en tierra se dan por infinitos.
De la preocupación a los datos
Casi todo el voluntariado ha llegado a bordo con una preocupación genérica por las basuras marinas. Se fue con algo más concreto: las manos metidas en una jornada de pesca de basura marina, clasificando residuo por residuo en la caracterización —una colilla, un envoltorio, un trozo de plástico— para alimentar bases de datos nacionales e internacionales. La preocupación se convirtió en dato, y el dato en argumento. Y así hasta llegar a 99.000. Un dato en este caso, más que preocupante según Mater.
Noches de cine y baños a todas horas
Con el calor de julio, el remedio fue meterse al agua en cualquier momento libre, con parada especial en Saturraran. Y al caer la tarde, cine a bordo y noches en cubierta, con el puerto de turno como telón de fondo.
Ocho ediciones después, desde MATER siguen pensando lo mismo: el mar no lo cuida un barco solo. Lo cuida quien sube a bordo sin conocerles de nada y se va sabiendo un poco más de lo que sabía al embarcar. Quieren dar las gracias a quienes este año se hicieron tripulación por unos días. MATER vuelve a puerto, pero lo que se ha aprendido a bordo se queda.
Desde Mater ya están preparando nuevas actividades de cara al nuevo curso escolar que estarán recogidas en su web y en la agenda municipal.







